May 30

Si de satisfacer la demanda se trata, nadie quiere quedar afuera. En vista de los buenos resultados obtenidos por la competencia, Renault “aggiornó” el
Sandero para ponerlo a tono con las propuestas más aventureras, léase Fiat Idea y Palio Adventure (Trekking/Locker), Ford EcoSport y Volkswagen Crossfox. Así,
después de probar el nuevo Symbol y tomarnos una tarde de playa –hay que aclarar que al menos en los primeros días de enero Pinamar era una ciudad “casi” fuera de temporada- , pasamos por el stand del rombo cercano al golf para “distraer” las llaves de un Sandero Stepway 1.5 dCi gris plata.

Trataremos de ser precisos: es una evolución más que nada estética que se beneficia de un despeje mayor que lo hace ideal para caminos Mercosur… y para poner a prueba la característica solidez de su tren delantero en senderos más accidentados.

Así pues, no deben esperarse mayores diferencias de performance/consumo/comportamiento respecto del Sandero conocido: lógicamente el toque” en las suspensiones genera rolidos o inclinaciones de carrocería más acentuadas, las barras de techo y el alerón suman algunos decibles en su matrimonio con Eolo y el consumo y la velocidad se ven mínimamente afectados, pero nada que modifique sustancialmente la ecuación conocida. La esencia es la misma, con todo lo bueno y lo malo.

El Sandero Stepway seduce por dos motivos primarios. Uno, la lograda estética: habrá, con justa razón, gente a la que no le guste o incluso defenestre estos “inventos Mercosur”, pero hay muchos más que se sienten atraídos e incluso creen que se trata de “otros autos” respecto a las versiones “civiles”. Dos, la habitabilidad y el baúl, heredar la plataforma Logan le confiere una comodidad más propia de un segmento C.

Y en Argentina, donde el auto debe cumplir atributos de disímiles categorías, a veces encontradas (familiar deportivo rrecreacional y además estar
muy equipado por poca plata), la ecuación Stepway “cierra”: es un auto de la gama media donde la familia viaja muy cómoda, el equipamiento es correcto (los
faltantes, en esta categoría, son los que la gente generalmente no paga como plus opcional) y al “homos conductorius” le permite satisfacer ampliamente el
ego, teniendo un auto “que es más”.

Los puristas y encargados de marketing ya nos están escribiendo cartas documento, pero creemos acercarnos con bastante fidelidad –por idiosincrasia, historia y conocimiento- al pensamiento del usuario medio local. Básicamente, aquel que compra los autos, que no siempre es el mismo que aparece dibujado en los gráficos aspiracionales.

Atentos a estas consideraciones, la jornada vivida arriba de este modelo trató de desentrañar dos aspectos: el funcionamiento del motor 1.5 dCi (una joyita para
la marca) y las “actitudes” y “aptitudes” más allá de la rotonda de Av. Bunge y Shaw.

El motor cuatro cilindros que lo impulsa es tan moderno de concepción –en su categoría, de lo mejorcito- como limitado en la entrega de
potencia. Gracias al common rail y el efectivo turbocompresor tiene buena disposición de torque lo que le permite ser muy económico; pero también la
relación peso potencia de este Clase B “XL” lo torna menos brillante respecto de lo probado en un Clio, por ejemplo.

Cuando salimos a la ruta exige trabajo sesudo de cuarta y quinta velocidad para encarar sobrepasos y siempre
buscar la franja de las 4.000 para tener espalda suficiente. A veces la cuarta queda larga y la quinta corta. Por contrapartida, la autonomía que consigue lo
transforma en un compañero ideal para “crucerear” horas y horas a 120/130 km/h y no parar nunca.

El desempeño dinámico emula al Sandero que probamos hace algunos meses: a las mismas definiciones mecánicas se corresponden similares
sensaciones. Está bien que es más alto y presenta otro ajuste de amortiguadores, pero en virtud de las (limitadas) velocidades que desarrolla tampoco es que
varía el feeling de manera determinante. En curvas de media y baja velocidad se nota una inclinación levemente más marcada.

El tránsito por la ciudad y balnearios aledaños –con accesos de arena, serruchos, etc.- demostró la solidez de los trenes de rodaje y lo bien que viene tener unos centímetros más de “changüí” para no lastimar los bajos. Pero como somos inquietos de asentaderas después de recabar las anotaciones (grabaciones mejor dicho) del periplo rutero/ciudadano nos metimos en el bosque, precisamente donde dan inicio la mayoría de las travesías 4×4, para ver “hasta donde iba”.

Y la verdad –teniendo en cuenta que es un 4×2 sin ningún tipo de aspiración off road- nos permitió divertirnos un buen rato… hasta que lógica pura de este escriba, confiado en el grip de los neumáticos (debidamente desinflados) y el generosos torque del motor, terminamos enterrados y colgados de panza.

Justo es reconocer la desinteresada tarea de nuestro cameraman Adrián, que dejó el herramental técnico de lado y se puso a sacar arena con los brazos cual dragadora (siempre cuando uno se queda cae en la cuenta de que salió sin eslinga, sin pala, sin agua… y donde estarán los ganchos!!!). En tales circunstancias, la “biaba” que se comió el embrague tratando de desenterrarlo, es digna de del Premio al Esfuerzo y la Duración.

Con la presión indicada trepa realmente bien, abajo no golpea nunca y mientras se tenga movimiento se puede “pelear” bastante. Es claro que cuando nos
detenemos o la arena se ablanda de tal manera que la primera no alcanza saca el artel de “no más”. Y está bien. En resumen superó las expectativas “fuoripista”
que depositamos en él.

A nivel confort, materiales y equipamiento tampoco presenta diferencias siderales. El tablero, conservando el diseño, tiene otra resolución visual y en el interior se nota un poco más de esmero respecto de un Logan pero hay soluciones superadas y plásticos mejorables.

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